132-"ESTO ES ENTRE NOEL Y YO". Por Pilar Ana Tolosana Artola, paciente de Ataxia de Friedreich, de Vitoria.

Ahora que se acercan estas fechas navideñas, puedo disponer de algo más de tiempo para quedar con los amigos. ¡Por fin! No voy a ponerme a pensar en las fechas de los exámenes, el avance vertiginoso del tiempo, y que me sienten mal los mazapanes. Enero y Febrero, las fatídicas fechas de las pruebas presenciales del primer cuatrimestre, ya se me echarán encima cuando llegue su tiempo.¡Ya me empezaré a agobiar en su justo momento, cuando comience la cuenta atrás!.

Ayer estuve comiendo con un compañero de la facultad, que había salido de Psicología en el cuarto curso. Siempre le dije que estaba loco, que le faltaba muy poquito para terminar la carrera. Y él me corregía diciendo que loco no, que sólo un poquito desquiciado, pero que hacía lo correcto. Él tiene mucha personalidad... por lo menos más que yo. Mi madre suele comentar que tengo la misma que un sonajero. No entiendo sus comparaciones triviales, a la ligera.

No sé ni cómo, pero acabamos hablando de la fobia que tengo a Papá Noel.

- ¡Ese yanqui gordo, como una ballena! -diserté refiriéndome a Santa.

- Pues, el veinticinco trae regalitos. No está tan mal. No es normal ese odio visceral tuyo contra él -explicaba mi amigo.

Le conté, entonces, lo que pasó hace años cuando fui a pasar las Navidades a casa de mis primos, y todavía era un párvulo aficionado al chocolate:

Llegué a la hiperdecorada casa de mis primos. Un poco más de espumillón rojo y lucecitas de colores y el sobrecargado árbol se hubiera venido abajo... pero esa noche, venía Papá Noel con los regalos, y todo debía estar perfecto.

Pasamos la cena de Nochebuena entre villancicos y langostinos. Las copas de champán tintineaban, y la compota era extraordinaria: me resigné a comer y engordar. Sin embargo, mis primos eran más sosos que los niños de los Flanders, y, vencido por el aburrimiento, me fui a la cama el primero, a pesar de que siendo chamaquito como era, me hubiera hecho ilusión tardar en acostarme. ¡Para una vez que los mayores estaban más permisivos con eso de la hora!.

Y, claro, como tenía que ocurrir, a eso de las tres de la madrugada, tenía yo los ojos como platos. Resistí hasta las tres y media acolchado en la cama, que eso para un crío de cuatro años, es todo un logro, y luego salí a dar una vuelta por la casa. Me encontré un gorro rojo con una borla blanca por el suelo, y me lo puse. Estaba convencido de que era de Santa Claus, y fui a enseñárselo a mi primo Luisito, con quien compartía cama aquella noche.

De repente, salió Santa de entre las sombras, me dio un capón, y me quitó el gorro. Vengativo, corrí hacia él, y me colgué de sus barbas queriendo mesárselas. Me tiró al suelo, e, impactado, vi que el personaje al que había arrancado la barba era el padre de Luisito.

A gritos, desperté a los demás para advertirles del fraude. Pero mi padre me metió a su habitación antes de que pudiera decir algo, y me aconsejó que no explicara nada de lo ocurrido esa noche. Además, mi padre me dio un cachete en el culo: Con lo cual, me pareció que la cosa se estaba poniendo seria, y decidí hacerle caso.

Ni me acuerdo de los regalos del día siguiente, pero sí de las miradas de la GESTAPO, que me dedicaban mi padre y su hermano.

- ¡Ya veo! -carraspeó mi confidente.

Agité la cabeza hacia uno y otro lado para alejarme un poco de esos recuerdos que me desestabilizaban totalmente. Y bebí un sorbo de café, que aún estaba demasiado caliente para mí.

- Siguiendo con lo de las Navidades, preferiría que en cuestión de regalos, al menos, los Reyes Magos fueran los soberanos plenamente.

- ¡Así que eres monárquico! -ironizó mi amigo, mientras comía la guinda del bollo que había pedido.

- En esta época, sí. A ratos incluso soy anárquico, y algo caótico, si no fuera Navidad.

- Y un poco utópico también, si me permites .

- ¡No te lo voy a discutir!.

Sin salirme del tema, sólo hay que comparar para darse cuenta que uno no quiere relacionarse con Papá Noel: es fatuo el pobre hombre.. sobre todo si le comparamos con la portentuosidad de los Reyes Magos, con su carisma y elegancia. Gaspar, Melchor y Baltasar tienen una historia preciosa sobre su origen: una estrella les llevó hasta Jesús, y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Todos la conocemos. ¿Y el barbudo vestido de rojo? ¡Ni qué se hubiera creído la mujer fatal! Después de todo, supongo que me parece una figura respetable, porque hay niños que lo esperan con ansia y estima, pero sólo por eso. Creo que San Nicolás procede de Turquía, y era una especie de Robin Hood de los pobres: hay quien le pide deseos, y se cumplen. Lo que no entiendo es el motivo por el que este mítico personaje haya viajado hasta la Yuma, y lo hayan disfrazado de pintura rupestre en un trineo tirado por renos, encabezado por el único que tiene nombre. ¡Este es otro misterio! ¿Por qué Rudolf, el de la nariz colorada, es el único que no es anónimo? ¿Se llevaría mejor con los duendes de Papá Noel?.

- Yo pienso que estás un poco traumatizado con lo que te paso cuando eras crío -descubrió mi compinche.

- ¿Lo del Papá Noel falso, y el castigo a mi pobre y maltrecho culo?.

- ¡Sí. Todo lo que pasó esa noche!.

Él casi no podía reprimir la risa. Yo estaba tan serio... y él partiéndose la caja. ¡A ver si este tipo me iba a empezar a caer peor que Santa!. No merece la pena que me lleve una desazón así.

Por el momento, terminé el café, y me fui al baño. Al volver estaría más calmado, y hablaría de otra cosa que no me comprometiera tanto: por ejemplo del catalán y del valenciano, de Moratinos y los países del Golfo, de la Copa Davis, o de las películas de Capra.